Gracias a la confianza de Dilemata a través de su director Txetxu Ausín, “Deporte y Sociedad” pretende convertirse en un espacio de reflexión y opinión acerca de la dimensión social del deporte. La práctica deportiva está íntimamente relacionada con disciplinas científicas como la Política, la Sociología, la Antropología, la Historia, e incluso la Ética, entre otras. Sin embargo, no siempre han sido bien explotadas sus posibilidades. Por ello, intentaremos con una cierta periodicidad utilizar la actualidad deportiva como “percha” para realizar algunas reflexiones, lanzar provocativas preguntas o sugerir encendidos debates. Os animo por tanto a participar del proyecto y ayudarme a descubrir y subir las distintas vertientes aún vírgenes de esta montaña: el deporte. Toda sugerencia será bienvenida (
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), puesto que, tanto en el deporte como en la vida, trabajando en equipo se llega antes a la meta. Jorge Tuñón (Universidad Complutense de Madrid).
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Consideraciones acerca de Calciopoli |
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Publicado por Jorge Tuñón
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Jueves 15 de Octubre de 2009 18:26 |
Italia es un país construido a base de escándalos. En ese sentido Calciopoli no ha sido tan distinto de otros anteriores. Dominado por tramas familiares y maquinaciones, el modelo se vio favorecido por unos clubes de fútbol que actuaron como medios políticos, una prensa con la pluma en forma de arma siempre afilada, unos vínculos amistosos indisolubles y unas federaciones deportivas diseñadas como fortines inexpugnables para sobrevivir a toda costa con la connivencia de instituciones, políticos y centros de poder. Pero Calciopoli no es sólo un escándalo deportivo, sino que es la historia de una ocasión perdida para cambiar las cosas y salvar al fútbol y por consiguiente a la política y a la sociedad italianas, de una enfermedad degenerativa que viene padeciendo, al menos, durante las últimas dos décadas.El calcio representa por tanto el espejo de la arena política nacional. Por ello, el escándalo de Calciopoli es el síntoma de un país en el que pervive un tradicional conflicto de intereses entre controlados y controladores, en el que la reprobación ética siempre se atribuye a los demás, pero nunca a uno mismo. Por ello, el mismo contraste que existe entre los clubes y los árbitros es el que podemos encontrar en Italia entre los políticos y los jueces. En ninguno de ambos casos, los primeros aceptan ser enjuiciados por los segundos, sino que por medios fraudulentos y corruptos, intentan, y consiguen con demasiada frecuencia, revertir el sistema. Además, Calciopoli supone también una ocasión perdida puesto que se ha terminado por resolver sin alterar ni tocar en lo fundamental el sistema establecido. Las penas han sido menores, irrisorias, prácticamente inapreciables, legitimando así los acontecimientos e instaurando la conciencia de que tampoco fue para tanto. En ese sentido, el ideólogo de la trama corrupta, el manager de la Juventus, Luciano Moggi, el único con penas algo superiores (y bien merecidas aunque también insuficientes) se ha convertido en la cabeza visible de una trama en la que recordemos fueron inculpados más de cuatro decenas de personajes. A pesar de ello, Moggi viene siendo prácticamente exonerado en el juicio mediático paralelo que vienen desarrollando algunos de los medios afines y subalternos al corrupto dirigente, durante los más de tres años que han pasado desde el estallido del escándalo, en una repetición análoga de lo sucedido tras Tangentopoli con el antiguo Primer Ministro Bettino Craxi. Implícito a Calciopoli ha sido la auto-indulgencia con la que se ha resuelto, la incapacidad para aceptar reglas y sanciones externas, además de la denuncia sistemática al complot (tal y como sucede habitualmente en la arena política italiana), de aquellos investigados o acusados. La incapacidad de aceptar la propia responsabilidad y el recurso fácil de acusar a un entramado superior todavía más corrupto al descubierto, provocan que el propio enjuiciamiento moral de los acusados sea inexistente. Se desarrolla así un “asociacionismo de malas prácticas” en el que la ética pública y el concepto de bien público resultan siempre plegados y sobrepasados. En definitiva, el sistema político, al igual que sucede en Calciopoli con el futbolístico, fomenta unas elites tolerantes con las reglamentaciones que permiten distribuir favores y privilegios como método de intercambio, bajo el principio de “hoy por mí y mañana por ti”. Como reveló el carismático jurista y político italiano elegido como Comisario Extraordinario de la Federación Italiana de Fútbol para el escándalo de Calciopoli Guido Rossi a Bartolozzi y Mensurati (2007), “Calciopoli tiene la misma estructura psicológica que Tangentopoli (…), también allí existía un ordenamiento cerrado. Eran válidas reglas internas del sistema que no tenían validez alguna fuera del mismo. Por ello, a muchos de aquellos que habían cometido delitos, y delitos muy graves, les resultaba difícil comprender que sus comportamientos tenían una carga de desviación enorme. Por eso muchos se dieron prisa por olvidar”. Lo anterior forma parte de las conclusiones de Calciopoli o la ética de la corrupción ¿Reflejo de la sociedad y la política en Italia?, que acaba de publicarse en el número 2 de la Revista Dilemata (http://www.dilemata.net/revista/index.php/Dilemata/article/view/33/38 ). Pero: 1¿Existen o podrían reproducirse algunas de las desviaciones descritas en otros ámbitos distintos del italiano?2 ¿Está actualmente el deporte español a salvo de la comisión de todo este tipo de prácticas?3. ¿Es realmente el grado de la corrupción del deporte rey de un país un indicador válido acerca de la ética de su sociedad y de su clase política? Jorge Tuñón
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