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Bienvenidos a este rincón sobre ética de los negocios y ética económica. En este primer texto, queremos explicar el contenido (probable) de esta sección. La ética de los negocios, o ética empresarial, suele aparecer en la prensa al lado de noticias sobre escándalos financieros y contables, estafas, catástrofes industriales y ambientales, y abusos protagonizados por empresas y sus ejecutivos. Se relaciona con daños directos a consumidores, trabajadores, ahorradores, inversores, gobiernos, al medio ambiente, etcétera. Por otro lado vivimos en un mundo de empresas. Se dice que las grandes multinacionales tienen tanto poder como muchos Estados, y es cierto; también lo es que es difícil imaginar el mundo sin estas organizaciones. Los productos y servicios industriales, distribuidos a precios asequibles, configuran nuestra forma de vida (a la que aspiran casi todos los habitantes del planeta). La inmensa mayoría de nosotros participamos voluntariamente en intercambios de mercado que nos permiten una vida confortable y segura, y esto es en buena parte gracias a las empresas privadas, grandes y pequeñas, que, en el marco legal del mercado, generan innovación, riqueza, bienes, servicios, empleos, salarios e impuestos. La ética de los negocios es el intento de someter a crítica a estas instituciones omnipresentes, cuyos propietarios, directivos u órganos de dirección ejercen un inmenso poder de dudosa legitimidad. Actualmente, la ética de los negocios ha sido aceptada parcialmente entre las ciencias y técnicas de gestión o dirección de empresas (management). El enfoque basado en la ética personal de los directivos y sus dilemas morales, dominante en los setenta y ochenta, ha cedido el paso a un enfoque basado en la organización y sus retos como miembro legítimo de la sociedad. Así, el término “responsabilidad social empresarial" o "empresaria” sirve de referencia para la reflexión ética sobre qué es una organización con ánimo de lucro y cómo debe relacionarse con la sociedad. Indirectamente, esta noción puede servir para proponer qué obligaciones morales corresponden a directivos, empleados, clientes y consumidores, gobiernos, y los demás actores que forman o se relacionan con las empresas. El debate sobre la responsabilidad social de las empresas se da en el marco de la teoría de los stakeholders. El término inglés stakeholder (que puede trasladarse como “interesado”, “implicado”, “grupo de interés”) nombra a la teoría de la gestión más influyente en este momento (el autor de referencia es Edward Freeman). Según esta teoría, gestionar eficientemente una empresa significa satisfacer en el mayor grado posible las demandas o expectativas de todas las personas, grupos y objetos actual o potencialmente afectados por sus decisiones. Un buen gestor intentará conocer las expectativas de cada grupo de interesados, valorar (y discutir) su legitimidad, y en último término intentar que se vean satisfechas en el mayor grado posible. Ello contrasta con la teoría clásica según la cual los directivos deben hacer todo lo que (y sólo lo que) conduzca a maximizar el beneficio de un único grupo: los propietarios, considerando a todos los demás como meros medios, o “factores”. La teoría de los stakeholders es una teoría sobre cómo gestionar “bien” una empresa, donde “bien” tiene un sentido técnico-económico. Es sobre todo una teoría (o una estrategia) para conseguir que una empresa no quiebre, vaya bien a largo plazo, y obtenga el máximo beneficio posible. Pero supone (i) el reconocimiento de que para lograr eso es necesario que la organización, y sus miembros individuales, adopten unos valores, y sigan unas pautas de conducta que no coinciden con las recetas clásicas para maximizar el beneficio contable, y (ii) supone identificar el beneficio de modo plural: el beneficio no sólo significa el rendimiento o ganancia de capital, sino también la creación de empleo, la calidad del mismo, la sostenibilidad (bajo impacto ambiental), etc. La mayoría de quienes estudiamos la ética empresarial hemos aceptado que este modelo de gestión es prometedor (aunque naturalmente recibe muchas críticas), y que la tarea de la ética empresarial es (i) contribuir a definir una teoría de la gestión realmente coherente con la idea de que las empresas privadas son ciudadanos con derechos y obligaciones hacia la sociedad y (ii) extraer las consecuencias normativas de esta idea tanto para las relaciones entre los miembros de la empresa, como para las relaciones entre la empresa y los demás ciudadanos. Esa doble tarea abarca muchos temas especiales, y permite varios enfoques metodológicos y filosóficos. No hablaremos ahora de enfoques y metodología. En cuanto a los temas -que previsiblemente irán llenando esta sección- he aquí algunos ejemplos: exploración sobre el fundamento de las obligaciones morales de las empresas y sus mienmbros; discusiones sobre el papel de las empresas como ciudadanos globales (con poder mayor que muchos Estados) en la configuración de un orden económico mundial justo y sostenible; estudios sobre las éticas o culturas corporativas (cómo ésta afecta a las conductas individuales, cómo puede transformarse, etc.); éticas y deontologías de cada función empresarial (compras y aprovisionamiento, publicidad y marketing, contabilidad y finanzas, relaciones y derechos laborales, conciliación de la vida laboral y personal, buen gobierno, gestión ambiental, etc.); institucionalización de la ética organizacional a través de códigos, políticas, sistemas formales de gestión, etc.; ética del consumo; ética del comercio (teorías sobre el comercio justo); impactos industriales sobre el medio ambiente.
Pedro Francés y M. A. Arráez
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