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Las actitudes ante el especismo y el debate en psicología moral entre internismo y externismo |
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Publicado por Oscar Horta
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Sábado 26 de Septiembre de 2009 01:22 |
Actualmente, uno de los debates en filosofía moral (más en concreto, en el plano de la psicología moral) se da entre el llamado externismo y el internismo de la motivación moral. Según el primero, una cosa es adoptar una posición moral y otra muy distinta actuar conforme a ella. En base a esta visión de las cosas, alguien puede, por ejemplo, sostener que debe donar un porcentaje considerable del dinero del que se disponga para luchar contra el sufrimiento, pero no hacerlo porque le falta la voluntad para ello.
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Actualidad bioética en el país galo (por Alberto Molina) |
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Publicado por David Rodríguez-Arias
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Lunes 21 de Septiembre de 2009 19:57 |
Actualidad bioética en el país galo Está siendo evaluada por el Senado francés una proposición de ley que ampliará los requisitos de revisión ética de la investigación a todos aquellos protocolos que implican personas, algo que ya existe en otros países europeos así como en Brasil. Hasta ahora, sólo eran evaluadas por un Comité de Protección de Personas (CPP) aquellas investigaciones biomédicas que suponían un riesgo para el sujeto, en particular las investigaciones sobre medicamentos y dispositivos médicos. Esta proposición de ley define y abarca tres tipos de investigaciones sobre personas: (1) Las investigaciones intervencionales (aquellas que conllevan una intervención sobre la persona no justificada por la atención médica habitual); (2) Las investigaciones intervencionales que no suponen riesgo ni trastorno para las personas y que no son relativas a medicamentos; (3) Las investigaciones no-intervencionales u observacionales (muchas de las cuales son ajenas al campo de la medicina, como son las de ciencias humanas y sociales). El objetivo principal del texto es ofrecer un marco legal más sencillo y más completo que aporte una mejor protección para las personas y facilite la publicación de resultados en revistas internacionales que exigen la opinión favorable de un comité de ética. Pero varios problemas podrían dificultar su aplicación y mermar la protección de las personas. El primero de ellos es la situación actual de los comités franceses que corren el riesgo de verse submergidos por el incremento de protocolos a evaluar. El segundo es la composición y la falta de formación de sus miembros. En efecto, a pesar de que la ley actual impone cierta pluridisciplinariedad en los comités, sus miembros no médicos son pocos y no siempre están presentes. Además, al no ser obligatoria, la formación ética que reciben es escasa o nula. Existe por tanto el riesgo de que, ante una sobrecarga de trabajo, las investigaciones observacionales sean analizadas con menos atención y profundidad que la necesaria. Por otra parte, el proyecto de ley plantea que el consentimiento explícito no sea necesario para las investigaciones no intervencionales. Sería suficiente con la no-oposición de los sujetos. Finalmente, los accidentes en investigaciones no-intervencionales podrían plantear muchos problemas jurídicos en cuanto a responsabilidades y seguros. Varios organismos e instituciones, como el Instituto francés de salud e investigación médica (Insem) están actualmente examinando el texto para proponer enmiendas y mejoras ante el Senado. Una de ellas podría ser la creación de comités ad-hoc para evaluar los protocolos observacionales, aunque nadie sabe por ahora qué carga de trabajo adicional representarán este tipo de investigaciones. Enlaces: Informe y proposición de ley de M. Olivier Jardé: http://www.assemblee-nationale.fr/13/pdf/rapports/r1377.pdf
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¿Por qué hay tanta corrupción en España? |
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Publicado por Óscar Diego
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Martes 21 de Julio de 2009 21:53 |
Este artículo es de Víctor Lapuente Giné, profesor de Ciencia Política en el Quality of Government Institute de la Universidad de Gotemburgo (Suecia) y se publicó en El País el 27 de marzo de 2009. Se presenta el texto íntegro. La principal causa de los escándalos es el alto número de cargos de designación política en las instituciones nacionales, autonómicas y locales. Son redes clientelares que viven de que su partido gane las elecciones Para los que estudiamos la corrupción a nivel comparado, la reciente oleada de escándalos en España no representa ninguna sorpresa. Países como Francia, Italia, Portugal o España llevan años mostrando niveles de corrupción y de calidad de gobierno más parecidos a los de países autoritarios en vías de desarrollo que a los propios de democracias capitalistas avanzadas con décadas de pertenencia a la OCDE. ¿Qué factores separan a estos países, y en particular a España, de las democracias libres de corrupción?En EE UU el alcalde no puede colocar a mucha gente. El Ayuntamiento lo gestionan profesionalesEn muchas ciudades europeas sólo tres o cuatro personas son nombradas por el partido ganadorUna primera tentación que hay que evitar es la de afirmar que la corrupción está en "nuestra cultura". Se trata de un argumento peligroso e intelectualmente poco satisfactorio, pero que, sin embargo, goza de cierto predicamento en algunos círculos -posiblemente los mismos que afirmaban no hace tanto tiempo que la democracia representativa o el capitalismo no tenían espacio en nuestra cultura mediterránea y/o católica. Como un creciente número de estudios está demostrando, la causalidad parece ir en todo caso en la dirección opuesta: los países desarrollan "malas" culturas -o culturas donde predomina la desconfianza social- como consecuencia de unos elevados niveles de corrupción.Una segunda tentación a evitar es el impulso legalista, con mucho arraigo en España, uno de los países del mundo con una mayor proporción de abogados en sus administraciones. Desde la visión legalista, expuesta, por ejemplo, por el Tribunal de Cuentas en un informe sobre corrupción local, lo que explicaría la misma en España sería "la falta de regulación", que "permite un margen de discrecionalidad, no siempre acorde con la protección del interés público". Pero, ¿alguien puede de veras creer que la solución a la corrupción local consiste en regular todas y cada una de las actividades de estas administraciones?Sorprende comparar la actitud de nuestro Tribunal de Cuentas con sus equivalentes nórdicos: en ellos, en lugar de artículos con detallados procedimientos, encontramos simplemente alguna presentación de powerpoint señalando que el objetivo es evitar una "deficiente contabilidad", dejando discreción casi absoluta a los auditores públicos sobre cómo llevar a cabo su labor de fiscalización.Como la literatura moderna sobre corrupción señala, las causas de la corrupción no hay que buscarlas en una "mala cultura" o en una regulación insuficiente, sino en la politización de las instituciones públicas. Las administraciones más proclives a la corrupción son aquéllas con un mayor número de empleados públicos que deben su cargo a un nombramiento político. Y aquí, el contraste entre España y los países europeos con niveles bajos de corrupción es significativo. En una ciudad europea de 100.000 a 500.000 habitantes puede haber, incluyendo al alcalde, dos o tres personas cuyo sueldo depende de que el partido X gane las elecciones. En España, el partido que controla un gobierno local puede nombrar multitud de altos cargos y asesores, y, a la vez, tejer una red de agencias y fundaciones con plena discreción en política de personal. En total, en una ciudad media española puede haber cientos de personas cuyos salarios dependen de que el partido X gane las elecciones.Esto genera diversos incentivos perversos para la corrupción. Los empleados públicos con un horizonte laboral limitado por la incertidumbre de las próximas elecciones son más propensos a aceptar o a solicitar sobornos a cambio de tratos de favor que los empleados públicos con un contrato estable. En segundo lugar, a diferencia de lo que ocurre en la mayoría del mundo occidental, donde los políticos locales están forzados a tomar decisiones junto a funcionarios que estarían dispuestos a denunciar cualquier sospecha de trato de favor, en España toda la cadena de decisión de una política pública está en manos de personas que comparten un objetivo común: ganar las elecciones. Esto hace que se toleren con más facilidad los comportamientos ilícitos, y que, al haber mucho más en juego en las elecciones, las tentaciones para otorgar tratos de favor a cambio de financiación ilegal para el partido sean también más elevadas.¿Qué podemos hacer para reducir esta politización? La experiencia de otros países resulta ilustrativa. Por ejemplo, entre finales del siglo XIX y principios del XX muchas ciudades de Estados Unidos presentaban unos niveles de politización y corrupción tan estratosféricos como los reflejados en la película Gangs of New York, donde el gobierno de la ciudad aparece capturado por redes clientelares e incluso criminales. Unos años después, la extensa politización de las administraciones locales -y, de su mano, la corrupción- descendió de forma drástica gracias a reformas institucionales como la sustitución del tipo de gobierno strong-mayor (el tipo de gobierno local que predomina en España, en el cual un solo cargo electo, el alcalde y su mayoría de gobierno, acumula mucho poder) por el denominado city-manager. En esta nueva forma de gobierno, los cargos electos retienen la capacidad legislativa, pero el poder ejecutivo pasa a manos de un directivo profesional nombrado por una mayoría cualificada de concejales y por un periodo de tiempo no coincidente con el ciclo electoral, reduciendo así el grado de dependencia política.Este tipo de gobierno, o variantes del mismo, ha sido adoptado en las administraciones locales de los países occidentales que presentan menores niveles de corrupción. En ellos, el partido que gana las elecciones tiene las "manos atadas" a la hora de hacer nombramientos, porque existe un directivo profesional que gestiona la organización administrativa, o bien debe llegar a amplios acuerdos con otras fuerzas políticas, incluyendo con frecuencia a las de la oposición, para nombrar a cargos públicos. En general, se trata de buscar mecanismos institucionales para que se seleccionen empleados públicos cuya continuidad en el cargo dependa de su competencia o mérito y no de su lealtad política.Es importante subrayar que el nivel de competencia de los empleados no es sinónimo de lo que tradicionalmente se interpreta como sistema de mérito en España; es decir, unos funcionarios públicos seleccionados mediante oposiciones y con una plaza "en propiedad" de por vida, con independencia de su rendimiento. La evidencia empírica nos muestra que no es necesario tener una administración repleta de funcionarios para reducir la corrupción. Por ejemplo, los dos países menos corruptos del mundo en 2008, Suecia y Nueva Zelanda, eliminaron hace años el estatus funcionarial para la gran mayoría de sus empleados públicos, que en la actualidad se rigen por la misma legislación laboral que cualquier trabajador del sector privado.¿Podemos aspirar en España a unas administraciones más flexibles y eficientes y, a la vez, menos corruptas? El principal obstáculo para ello es que aquí el debate público está atrapado entre dos visiones antagónicas e indeseables ambas. Por un lado, los partidos políticos que, amparándose en la rigidez tradicional de la administración pública, han fomentado instituciones que permiten una alta politización de la administración y, por tanto, generan corrupción. Por otro, los representantes de los cuerpos de funcionarios que abogan por el mantenimiento de un sistema de empleados públicos inamovibles. Quien obviamente paga las ineficiencias derivadas de la politización y de la rigidez administrativa son los ciudadanos.Aunque esta situación parezca irreversible, la experiencia de otros contextos debe infundirnos optimismo. Cuando activistas como Richard Childs -hombre de negocios y promotor de un tipo de gobierno local basado en directivos profesionales como los existentes en el sector privado- iniciaron su improbable lucha contra la politización y la corrupción que asolaban la mayoría de niveles administrativos en Estados Unidos hace ya más de un siglo, se enfrentaron a redes clientelares cuyo poder parecía inexpugnable. Sin embargo, triunfaron porque fueron capaces de movilizar los intereses de aquellos que en última instancia generaban la riqueza del país, convenciéndolos de que ésta se estaba malgastando no con malas políticas públicas, sino con malos políticos, o mejor dicho, con la pervivencia de malas instituciones utilizadas por los políticos para sostener sus redes clientelares. ¿Podrá alguien en España movilizar esos intereses?
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¡Despertad a los que duermen en política! |
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Publicado por Óscar Diego
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Martes 21 de Julio de 2009 00:05 |
En esta ocasión incluimos un poema que hace alusión al estilo de vida de algunos representantes públicos que gozan de cargos de representación, es decir, los legisladores. Aristóteles escribió que en general hay dos tipos de hombres: a) aquéllos que viven dormidos, y les encanta vivir en ese estado, y b) aquellos que viven despiertos como resultado de la razón y la conciencia. El despertar se refiera al salir de la ignorancia al tener una vida libre y responsable. Por su parte el filósofo Platón retrata esta situación en La República mediante la Alegoría de la caverna. Hay que salir de la caverna para ver la luz, hay que dejar de dormir y despertar. Tanto Platón como Aristóteles coinciden en señalar que es responsabilidad de aquellos que han logrado despertar ayudar a los que aun viven dormidos, es decir, auxiliar a salir de la caverna. Veamos lo que dice el poema: Déjame dormir, mamá
Hijo mío, por favor, de tu blando lecho salta. Déjame dormir, mamá, que no hace ninguna falta.
Hijo mío, por favor, levántate y desayuna. Déjame dormir, mamá, que no hace falta ninguna.
Hijo mío, por favor, que traigo el café con leche. Mamá, deja que en las sábanas un rato más aproveche.
Hijo mío, por favor, que España entera se afana. ¡Que no! ¡Que no me levanto porque no me da la gana!
Hijo mío, por favor, que el sol está ya en lo alto. Déjame dormir, mamá, no pasa nada si falto.
Hijo mío, por favor, que es la hora del almuerzo. Déjame, que levantarme me supone mucho esfuerzo.
Hijo mío, por favor, van a llamarte haragán. Déjame, mamá, que nunca me ha importado el qué dirán.
Hijo mío, por favor, ¿y si tu jefe se enfada? Que no, mamá, déjame, que no me va pasar nada.
Hijo mío, por favor, que ya has dormido en exceso. Déjame, mamá, que soy diputado del Congreso y si falto a las sesiones ni se advierte ni se nota. Solamente necesito acudir cuando se vota, que los diputados somos ovejitas de un rebaño para votar lo que digan y dormir en el escaño. En serio, mamita mía, yo no sé por qué te inquietas si por ser culiparlante cobro mi sueldo y mis dietas. Lo único que preciso, de verdad, mamá, no insistas, es conseguir otra vez que me pongan en las listas. Hacer la pelota al líder, ser sumiso, ser amable Y aplaudirle, por supuesto, cuando en la tribuna hable. Y es que ser parlamentario fatiga mucho y amuerma. Por eso estoy tan molido. ¡Déjame, mamá, que duerma!
Bueno, te dejo, hijo mío. Perdóname, lo lamento. ¡Yo no sabía el estrés que produce el Parlamento! El poema fue escrito en 1700 por Fray Junípero (1713 - 1784) Religioso franciscano español. El poema además de invitar a la reflexión, me hace recordar aquella frase de Seneca que dice: La corrupción es un problema de los hombres no de los tiempos.
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