El 12 de octubre, Día de la Hispanidad, parece un buen momento para continuar discutiendo sobre ética e interculturalidad. Gracias a la hospitalidad de Juan Carlos Siurana, coordinador de esta sección, quisiera llamar la atención sobre un hecho aparentemente trivial, pero significativo, sucedido recientemente en una rueda de prensa de la selección española de fútbol. La polémica generada pone de relieve la urgente necesidad de abordar desde la ética aplicada los conflictos y equívocos que a menudo surgen en condiciones de pluralismo lingüístico.

 

Como decía Juan Carlos en la primera entrada de esta sección, el multiculturalismo consiste en un conjunto variado de fenómenos sociales que a menudo derivan en problemas de convivencia cuando en un mismo espacio social hay personas que se identifican con culturas diversas. La lengua es uno de los elementos fundamentales de cualquier cultura; no todo el multiculturalismo es pluralismo lingüístico, pero una buena parte sí. La sociedad española, además de por el pluralismo religioso, está caracterizada por una gran riqueza lingüística, con cuatro idiomas oficiales.

He vuelto a recordar la pregunta inicial de Juan Carlos (¿Crees que en España existe una cultura "de primera" y varias culturas "de segunda"?) a propósito de una anécdota sucedida hace poco en una rueda de prensa de la selección española de fútbol, campeona del mundo en Sudáfrica. El suceso ha aparecido en muchos medios, como aquí, y hasta puede contemplarse en video.

En breve: un periodista hace una pregunta al futbolista del Barça y le solicita que la respuesta sea en catalán. El jugador así lo hace y al acabar pregunta si él mismo traduce la contestación al castellano; ante eso, el jugador del Madrid, visiblemente molesto, corta con una ironía, y el resto de la rueda de prensa transcurre en castellano.

La situación merecería un análisis detallado, y también la cantidad de comentarios que ha suscitado en los medios. Las reacciones están completamente polarizadas, reflejando la animosidad y hasta hostilidad que generan los conflictos lingüísticos en España. Para empezar, me limitaré a una cuestión de demarcación.

La respuesta de Ramos a Piqué no es objeto de juicio legal o político: nadie puede denunciarle ni obligarle a responder de otra manera. Estas situaciones no son objeto de abordaje desde la ley o la política, aunque obviamente están condicionadas por la política lingüística y el derecho en vigor. Lo sucedido, creo, tiene más que ver con el ethos personal, con las virtudes transmitidas (o no) mediante la educación moral y con nuestra manera de entender al otro (y, con ello, nuestra manera de entendernos a nosotros mismos). A esos temas quisiera dedicar la discusión que pueda seguir de aquí.